miércoles, 15 de junio de 2011

Mi Hermana y Yo, Ninfomanas

Lola es mi nombre y trabajo en una oficina como asistente, es decir, un poco más que secretaria, pero muy poco, ya que tengo un empleo en la que paso la mayor parte del tiempo buscando en el archivo o contactando con gente, mientras que la secretaria sólo organiza agendas y atiende al público, además de servir los cafés de rigor. Mi cuerpo está bastante bien, de hecho me serví un poco de él para conseguir el empleo, ya que una mujer hermosa, modestia aparte, con una falda y una blusa algo escotada que permita ver una generosa parte del canalillo gana muchos enteros a la hora de una entrevista personal. Soy morena, con el pelo bastante oscuro, lo que parece volver locos a algunos hombres, hartos de tanta rubia de bote, tengo los ojos verdes, y mis formas son generosas para con los senos, mis caderas están bien contoneadas, y mi culo bien firme y puesto debido al gimnasio, que no se debe olvidar para descuidar una forma física que puede ayudar cuando lo necesites. (Como en una entrevista, ja ja)
Mi novio, el cual elegí entre el montón de moscardones que suelen rodearme continuamente porque era de los pocos que no babeaban, y solo se dedicaba a ser amable, además es apuesto y tiene un trabajo estable en una cadena de montaje de una empresa de telefonía. El caso es que pensaba que Carlos, mi novio, era una buena persona que no aspiraba a más de lo que ya tenía, lo que le convertía en alguien que no trataba de pisotear a nadie para conseguir sus aspiraciones, y que no por ello fuera conformista me sorprendí cada vez más en nuestra relación. Yo lo tomaba como parte de la confianza que se suele dar a la pareja a medida que pasa el tiempo, e incluso cuando comenté con una amiga los comienzos de la situación, que ella desconocía y que le presenté como que el problema eran solo esos comienzos, me dijo que eso era normal, y me tranquilicé un poco, pero la cosa cada vez era más descarada. La verdad es que Carlos era un buen amante y un buen hombre pero me preocupaba mucho el hecho, cada vez más repetido y descarado, de que me manoseara delante de mucha gente, ya fuera en la calle, en el cine, en fiestas con amigos, etc. Mi amiga lo que no sabía era que no sólo eran besos y algunos manoseos por debajo de la falda cuando estábamos sentados en el cine o en una mesa de una fiesta, sino que me sobaba, cada vez más descaradamente, los senos e incluso me friccionaba la vagina. Yo me ponía nerviosísima en esas situaciones aunque he de reconocer que también me excitaba sobremanera el morbo de que nos viera alguien, pero el hecho es que mi educación me decía que eso estaba mal, y así pensaba. En la intimidad de todo, pues dejaba hacer a Carlos lo que quisiera, hasta penetraciones anales, pero de casa para afuera había que comportarse, y eso no parecía ir con Carlos.
La cosa fue a mayor cuando se vino a vivir conmigo. Cuando estábamos en casa no paraba de meterme mano y pretendía estar haciéndolo continuamente. A mi me gustaba aquello disfrutaba, pero me molestaba que lo siguiera haciendo cuando había visita. Y yo pensaba que eso eran problemas, hasta que empezó a llevar a sus amigotes a casa, los cuales veían como me manejaba, y seguramente se pondrían cachondísimos.
A mi cada vez me gustaba menos aquello y empecé a plantearme la posibilidad de dejarlo con él, pero había algo dentro de mí que me impedía terminar la relación. Ese algo era que la situación me ponía nerviosa, pero el hecho de que estuviera acostumbrada a que los hombres me miraran con ojos lascivos y desnudándome con la mirada, hacía que me excitara al ver las caras de los amigos de Carlos, pues sabía que se iban a quedar con las ganas, y eso me hacía imaginármelos en sus casas pajeándose o haciendo el amor con su mujer o novia, pero pensando en mi.
Carlos cada vez era menos cuidadoso, y procuraba siempre permitir que sus amigos me vieran, ya fuera cuando iba al baño abriendo la puerta en el momento apropiado (que casualidad) o dejando entreabierta la puerta del dormitorio cuando entraba mientras me vestía para manosearme y meterme mano.
El resultado de todo esto fue que un día vino mi hermana, que había roto con su novio, y quería estar lejos de donde vivía por un tiempo, y se iba a quedar una semana conmigo y con Carlos. Y como no, Carlos no iba a dejar de ser como era, y mi hermana comprobó como me dejaba hacer por Carlos delante de ella. Yo pensé que se iría, pues seguro que pensaba que su hermana era una guarra. Pero nada más lejos de la realidad, pues un domingo me levanté antes de lo normal (suelo levantarme a eso de las doce o la una, pues salíamos hasta tarde), y vi que Carlos estaba detrás de mi hermana besándola el cuello y manoseándola las tetas (más generosas que las mías). Pensé que se daría la vuelta y le pegaría una bofetada, pero lo que hizo fue dirigir su mano hacia el paquete de Carlos y empezar a sobarlo, mientras echaba la cabeza hacia atrás para besar la boca de Carlos. Yo alucinaba, no me creía lo que estaba viendo, así que me fui a la cama y estuve pensando en qué podía hacer, la situación se escapaba de mis manos.
Al mediodía Carlos salió porque quedó en recoger a un par de amigos que vivían algo lejos para reunirse con otros dos en un bar para ver el partido de fútbol luego bien entrada la tarde. Aproveché la ausencia de mi novio para comentar con mi hermana lo sucedido.
- Os he visto esta mañana a Carlos y a ti.
-Deja que te explique - se intentó defender - es que me dejé llevar, estaba molesta con mi novio, y veros a vosotros tan felices y sin pudores me dio envidia, y no me paré a pensar...
-A pensar que estabas con mi novio, ¿verdad?
-Sí, lo siento. Haré lo que quieras, pero no me digas que me vaya. Me lo pensé un momento, la abracé y me fui a seguir buscando información en Internet sobre el tema en el que estaba trabajando en ese momento.
La cosa es que me venía bien para echar a Carlos de mi vida, pero no quería que mi hermana lo pasara mal , así que decidí que esperaría a que terminara la semana que mi hermana tenía pensado quedarse para echarle cuentas a Carlos y mandarle a paseo sin que Sofía, mi hermana, estuviera delante.
Me disponía a ver el partido en casa, con mi hermana, pues a mi también me gusta el fútbol, y como era en abierto, pues así aprovechaba para comentarle lo que había pensado. Partido en abierto, no había caído en eso, normalmente estos partidos solían ir a casa a verlos, a la nuestra o a la de otro. Y ese día se habían ido a un bar, pensé que sería por la presencia de mi hermana, pero para que lo habría pensado siquiera. En ese momento entraba Carlos con cuatro de sus amigos. No me imaginaba ni de cerca lo que tenían pensado hacer que desde luego no era ver el partido.
Carlos me hizo acompañarle a nuestra habitación, y como de costumbre iba manoseándome por el camino delante de sus amigos. Cuando llegamos se fue y volvió al rato, y empezó a sobarme los senos por encima de la camiseta que llevaba, me bajó el pantalón del chándal y me sobaba la vulva por encima de las braguitas. Yo ni siquiera recordaba que sus amigos estaban en el salón, sólo me dejaba llevar por la excitación. Carlos me bajó también las bragas y empezó a meterme algunos dedos por la raja, entonces ocurrió algo que nunca entenderé el cómo reaccioné. De pronto mientras Carlos se había agachado para lamerme el chocho mientras seguía metiéndome los dedos, una polla apareció ente mi cara y no dudé en agarrarla con mi mano y llevármela a boca. Evidentemente no era la polla de Carlos que estaba detrás de mí, pero yo estaba excitadísima y no me di cuenta hasta que ya la tenía en la boca, a lo que ya no le di importancia, pues a lo hecho pecho.
- Mira la putita esta, parece que le gustan las pollas - dijo Carlos al ver que le mamaba la polla a uno de sus amigos -.
- Sí, y además lo hace de maravilla - contestó su amigo, que se llamaba Oscar -.
- Vamos a ver si su hermanita también es tan guarra, a lo mejor es de familia - este comentario de Carlos me recordó que mi hermana estaba en el salón con los otros tres amigos de mi novio
Salimos de la habitación, yo iba sin nada abajo, pues me lo había quitado ya Carlos. Iba delante con los dos detrás de mí tocándome el culo. Me estaba poniendo bastante nerviosa por la situación, pero me quedé asombrada cuando vi que mi hermana se alternaba para chupar las tres pollas de los tíos tumbada en el sofá mientras ya la habían desnudado y la estaban sobando todo el cuerpo, metiendo sus dedos por todos lados. Me empujaron y choqué con el sofá dejando mi retaguardia al descubierto y como no podía ser menos empecé a ser penetrada en esa posición. Mi hermana me miró, se incorporó y se puso de rodillas de espaldas a los que estaba mamando la polla, se me acercó y metió su lengua en mi boca, a lo que no sólo no me negué sino que además la acompañé convirtiendo en una lucha de lenguas por ver cual de las dos entraba en la boca de la otra. Miguel, uno de los amigos de mi novio se acercó por detrás de mi hermana y supe que la penetró al sentir los suspiros de Sofía dentro de mi boca. De repente dejaron de bombearme, y me separaron del sofá, y por lo tanto de mi hermana. Entonces fue cuando supe que no había sido Carlos el que me había estado jodiendo sino Oscar. Rafa se sentó en el sofá, al lado de mi hermana y le empezó a chupar los pezones, a mi me sentaron de espaldas a él, metiéndome su verga en el culo, y empecé a trotar sobre él. La polla me perforaba hasta los huevos, y la sentía en lo más adentro de mí.
Dejaron de follar a Sofía, y la colocaron en la misma posición que a mí. Estábamos las dos hermanas empaladas por el culo juntitas, y con los chochos bien abiertos, debido a la postura.
- Venga, hacerlas un sándwich, están a huevo ¿no? - animó Carlos a Oscar y Pepe, pues Miguel era el que enculaba a Sofía -.
Y no se lo pensaron dos veces, Pepe se me acercó y comenzó a meter su polla en mi húmeda raja, y la misma operación realizaba Oscar con mi hermana. Nos empezaron a taladrar, nuestros gemidos ya parecían gritos, y desde luego debimos crearnos una fama en el vecindario de las buenas.
Carlos por su parte se situó el sofá entre las dos y nos "obligó" a inclinarnos sobre su polla a las dos. Se la mamábamos alternativamente, mientras seguían follándonos por todos los agujeros.
Noté como le empezaban a llegar espasmos a Rafa antes de que se corriera en mi culo, luego fue Pepe el que se sacó la polla y me inclinó para correrse en mi cara. Esto lo aprovechó Oscar que sacó su polla del coño de mi hermana para meterla en mi boca y atragantarme con su semen, que me fluía por la barbilla. Cuando se corrió Miguel en los intestinos de Sofía, Carlos nos puso de rodillas en el suelo con la cabeza en el piso, y nos comenzó a encular a las dos, cambiando cada cinco o seis embestidas. Cuando estuvo a punto de correrse, nos hizo dar la vuelta para hacerlo en nuestras caras. Luego nos entretuvimos Sofía y yo en limpiarnos mutuamente.
Para cuando terminamos la orgía, el partido había finalizado hacía tiempo, y ni nos enteramos del resultado. Se marcharon los amigos de Carlos y mi hermana y yo nos fuimos las dos juntas a lavarnos. Nos dimos un baño, además de darnos placer mutuamente.
Al salir, Carlos nos comentó lo que iba a pasar a partir de entonces. Me hizo dejar el trabajo alegando que me mudaba de ciudad, lo cual era verdad, pues nos pensaban llevar a una casa con cuadra de un tío de Oscar, el mejor amigo de mi novio. Hicimos las maletas, en las que cabía destacar la ausencia de ropa interior, y el que sólo llevábamos faldas, vestidos y tops ajustados. Carlos nos llevó allí al siguiente fin de semana, donde nos esperaban Oscar y su tío, el cual tenía bastante confianza con su sobrino, que iba a verle todos los meses y montar a caballo con él.

Cuando llegamos Oscar nos presentó a Emilio, su tío, el cual se encargaría de nosotras, y sería nuestro amo. Debíamos por tanto hacer todo lo que nos ordenara, y lo primero que se le ocurrió era que nos desnudáramos, lo cual hicimos en seguida. Después se nos acercó y nos estuvo tocando los pechos, nos pellizcó los pezones, luego bajó su mano y estuvo hurgando en nuestra intimidad. Después pegó un silbido y aparecieron dos pastores alemanes, los cuales se acercaron a nosotras y nos empezaron a olisquear por todas partes, luego nos empezaron a lamer nuestras rajitas, a lo que respondimos estremeciéndonos al sentir su lengua. Los hombres empezaron a reírse y dijeron que lo íbamos a pasar muy bien allí. Emilio comentó que ya nos presentaría al resto de la población de la finca. Incluyendo un tercer perro que en esos momentos se lo había llevado el veterinario para una revisión anual.
Oscar y Carlos se marcharon y nos quedamos allí solas con Emilio, el cual nos dijo que le acompañáramos. Le seguimos desnudas como íbamos y con los perros correteando alrededor nuestro. Al llegar a la habitación vimos que estaba bastante bien para lo que nos esperábamos, pues la cama era de matrimonio, lo que implicaba el que durmiéramos juntas, a lo que no le vimos problema alguno, y había un tocador y un sinfonier. Emilio nos dejó allí para que nos instaláramos, y nos dijo que siguiéramos desnudas y le esperáramos a que volviera. Se marchó con los perros, y nosotras guardamos la ropa en el sinfonier y nos sentamos en la cama a esperar.
Cuando Emilio volvió nos dijo que le siguiéramos, y que debíamos hacerlo de rodillas. Le obedecimos sin rechistar y fuimos detrás de él como si fuéramos sus perras. Nos enseñó el resto de la casa y luego en la entrada nos dijo que quería catar su mercancía mientras se desabrochaba el pantalón y se sacaba una herramienta enorme. Nos la puso en la cara y empezamos a lamerla con nuestras lenguas. Mientras él se dedicaba a hundir dos dedos de cada mano en cada uno de nuestros culos. Recorríamos su verga de arriba abajo y de paso jugueteábamos entre nosotras con nuestras lenguas. Luego mi hermana se metió la polla entera en la boca, mientras yo lamía los huevos por debajo. Emilio empezó a bombear en la boca de Sofía, a la vez que le sujetaba la cabeza. Después se separó de nosotras e hizo que mi hermana se pusiera delante mía para que le lamiera el ano mientras él perforaba el mío. Yo taladraba con mi lengua el ano de Sofía a cada enviste que recibía por detrás. Cuando Emilio comenzó a inundarme de leche le dijo a mi hermana que me limpiara el culo mientras yo le limpiaba la polla a él.
Emilio nos dijo que en la casa debíamos andar a cuatro patas, y para ir por el resto de la finca podíamos ir andando, a no ser que él dijera lo contrario, siempre desnudas en los dos casos. Sólo nos vestiríamos cuando vinieran los chicos según su antojo.
Esa semana la pasamos dentro de la casa, andando como ya he dicho, y con Emilio enculándonos cada dos por tres. Era curioso lo de este hombre, nunca nos follaba por delante. Nunca nos dio explicación pero daba igual, ya nos follarían por delante cuando vinieran los chicos.
Cuando llegó el fin de semana, y con él Carlos, Rafa, Oscar y Pepe, junto con otro coche, en el que no conocía a ninguno y venían otros tres hombres, de raza negra, entendimos porque nos reservaban el chocho. Después de que cenaran, pues llegaron el viernes por la tarde, mientras nos hacían gatear hasta el lado del que nos llamaba para hundir sus dedos en nuestras cavidades nos hicieron salir a la finca, donde Emilio había preparado un corral con paja donde nos hicieron arrodillarnos para que, después de desnudarse todos, les mamáramos las vergas. Nos rodearon en círculo y Sofía y yo íbamos de polla en polla, no habíamos terminado de disfrutar de una cuando el siguiente nos agarraba del pelo para que siguiéramos la ronda.
Después mi novio, sus amigos y Emilio se fueron a follar a mi hermana, mientras que a mi me dejaron con los tres morenos. Tenían unos rabos descomunales. Se veía que se habían afanado en buscarlos con las trancas así. Pensé que me romperían, pero en cuanto me senté de espaldas a uno, metiéndome su rabo en el culo, después de resistirse un poco empezó a deslizarse con comodidad, luego otro me penetró por delante, mientras que el tercero me puso su enorme cipote en la cara para que se lo mamara, tarea difícil en esa posición. Yo sentía que me rompía por dentro con eso rabos tan grandes dentro de mí, pero el placer superaba esa sensación, y pedía más cuando el que me taladraba la boca me dejaba respirar.
Cuando cambiamos la posición, pude ver que mi hermana estaba siendo doblemente penetrada por el culo, y ya tenía semen resbalando por su cara. Esa escena me puso más cachonda si cabe. En esta nueva posición me sentaba de frente a uno de los negros mientras me perforaba el culo otro y mamaba la polla a un tercero, ahora más fácilmente. Noté como me inundaban las entrañas provocándome un intenso orgasmo, rápidamente el lugar fue ocupado por el que tenía la polla en mi boca, y el otro se vino para que le limpiara el rabo y de paso ponérselo de nuevo en forma. Luego fue el que tenía debajo de mi el que me llenó la vagina con su leche, pero se esperó a que se terminara el otro, también dentro de mi culo. Después me hicieron arrodillarme y me restregaron sus pollas por la cara dejándomela llena de leche.
Mi hermana por su parte ya estaba completamente inundada en el líquido blanco y tenía el agujero del culo enorme. A lo que dos de los negros se dirigieron allí para meter sus pollas en tan abierta cavidad. Por lo que el resto de hombres se vino hacia mi, me hicieron sentarme encima de la polla del negro, de espaldas a él, como la primera postura que había hecho, y se iban turnando, para taladrarme el coño. Cuando se corrían se venían a mi boca para que les limpiara las pollas. Algunos se corrían dentro de mi y otros lo hacían sobre mi estómago.
Cuando se hubieron corrido todos, incluido el negro que me llenaba por detrás, y también los dos que taladraban el culo a Sofía, salieron todos del corralito, luego vino Emilio con los dos perros, que empezaron lamernos todo el cuerpo. Emilio nos dijo que nos pusiéramos a cuatro patas. Sabíamos lo que nos esperaba, así que nos resignamos con una mirada mutua, y obedecimos. Emilio ayudó a los perros a que nos montaran. Pronto empezaron a moverse rápidamente. Mientras, Carlos se había traído una videocámara para grabar el momento. Cuando los perros terminaron, nos hicieron quedarnos allí lamiéndonos una a la otra para limpiarnos de semen los cuerpos y nuestras cavidades.

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